Hemoglobinuria Paroxística Nocturna: Una Enfermedad Hematológica Rara y Compleja
Onco Especializados • 3 de febrero de 2026
Hemoglobinuria Paroxística Nocturna

¿Qué es la hemoglobinuria paroxística nocturna?
La hemoglobinuria paroxística nocturna (HPN) es un trastorno hematológico raro y adquirido que afecta la membrana de los glóbulos rojos, provocando su destrucción prematura dentro de los vasos sanguíneos, un proceso conocido como hemólisis intravascular. Se debe a una mutación en el gen PIGA en las células madre hematopoyéticas, lo que resulta en la deficiencia de ciertas proteínas que protegen a los glóbulos rojos de la destrucción por parte del sistema inmunológico. Esto hace que las células sean vulnerables a la activación del sistema del complemento, lo que provoca la destrucción masiva de los eritrocitos, anemia hemolítica, trombosis y otras complicaciones graves.
A pesar de su nombre, la hemólisis no ocurre exclusivamente durante la noche. Sin embargo, la orina oscura observada en algunos pacientes suele ser más notoria en la primera micción matutina, debido a la acumulación de hemoglobina libre en la vejiga durante el sueño. La HPN se manifiesta de manera heterogénea entre los pacientes, lo que dificulta su diagnóstico temprano. Aunque es una enfermedad poco frecuente, su impacto clínico es significativo, ya que las complicaciones trombóticas son la principal causa de morbilidad y mortalidad.
Causas y mecanismo fisiopatológico de la HPN
La HPN no es una enfermedad hereditaria, sino un trastorno adquirido que surge de una mutación somática en el gen PIGA, ubicado en el cromosoma X. Esta mutación ocurre en las células madre hematopoyéticas de la médula ósea y da lugar a una población clonal de glóbulos rojos defectuosos. Como consecuencia, los eritrocitos carecen de las proteínas reguladoras CD55 y CD59, que normalmente protegen a las células sanguíneas de la destrucción mediada por el complemento.
El sistema del complemento es un conjunto de proteínas plasmáticas que forman parte del sistema inmunológico y que desempeñan un papel crucial en la eliminación de patógenos y células dañadas. En la HPN, la ausencia de CD55 y CD59 impide que los glóbulos rojos bloqueen la acción del complemento, lo que los hace vulnerables a la lisis intravascular. Esto provoca la liberación de hemoglobina libre en la sangre, lo que contribuye a la toxicidad vascular, el estrés oxidativo y la activación de mecanismos inflamatorios que predisponen a eventos trombóticos.

Síntomas y manifestaciones clínicas
Los síntomas de la HPN varían ampliamente entre los pacientes y pueden fluctuar en intensidad. La fatiga es uno de los síntomas más frecuentes y puede ser debilitante debido a la anemia crónica. La disnea es común en pacientes con hemoglobina baja, mientras que el dolor abdominal y la disfagia pueden estar relacionados con la activación del complemento en el tracto gastrointestinal.
En algunos pacientes, la hemoglobinuria es una característica llamativa, manifestándose como orina de color oscuro o marrón, especialmente en las primeras micciones de la mañana. Esta orina oscura se debe a la eliminación de hemoglobina libre filtrada por los riñones tras la hemólisis intravascular. Sin embargo, la hemoglobinuria no está presente en todos los casos, lo que puede dificultar el reconocimiento de la enfermedad.
Las cefaleas, la hipertensión pulmonar y los eventos trombóticos pueden ser síntomas más graves de la HPN. La activación crónica del complemento genera un estado proinflamatorio y protrombótico, lo que predispone a la formación de coágulos en venas grandes y en sitios atípicos como el sistema venoso hepático, esplácnico y cerebral.

Complicaciones y riesgos asociados
Las complicaciones de la HPN pueden ser potencialmente mortales. La trombosis es la principal causa de muerte en estos pacientes y puede ocurrir en sitios poco comunes, como las venas hepáticas (síndrome de Budd-Chiari), las venas cerebrales (trombosis del seno venoso cerebral) y el sistema esplácnico. Los episodios trombóticos pueden llevar a insuficiencia orgánica, hipertensión portal y alteraciones neurológicas graves.
La anemia hemolítica crónica también tiene un impacto significativo en la calidad de vida. La hemólisis persistente puede provocar deficiencia de hierro debido a la pérdida constante de hemoglobina en la orina. Además, la liberación de hemoglobina libre en la circulación puede causar disfunción endotelial y contribuir a la hipertensión pulmonar, una complicación grave que puede resultar en insuficiencia cardíaca derecha.
Los pacientes con HPN también tienen un mayor riesgo de insuficiencia renal debido a la toxicidad de la hemoglobina libre y la hemosiderosis tubular. La insuficiencia medular es otra complicación importante, ya que la HPN puede asociarse con aplasia medular y síndromes mielodisplásicos, lo que agrava aún más la citopenia y la disfunción hematopoyética.

Diagnóstico: Pruebas y criterios clínicos
El diagnóstico de la HPN se basa en pruebas especializadas que detectan la ausencia de las proteínas reguladoras CD55 y CD59 en la superficie de los glóbulos rojos. La citometría de flujo es la herramienta diagnóstica de elección, ya que permite identificar poblaciones clonales de células afectadas con gran precisión.
Además de la citometría de flujo, se pueden realizar pruebas complementarias para evaluar la hemólisis, como la determinación de haptoglobina (disminuida en la hemólisis), lactato deshidrogenasa (elevada en la destrucción celular) y hemoglobina libre en plasma. También es útil la medición de reticulocitos para evaluar la respuesta medular a la anemia.

Opciones de tratamiento y manejo actual
El tratamiento de la HPN ha evolucionado significativamente con el desarrollo de terapias dirigidas contra el complemento. Eculizumab, un anticuerpo monoclonal que bloquea la activación del complemento en la proteína C5, ha demostrado reducir la hemólisis, mejorar la calidad de vida y disminuir el riesgo de eventos trombóticos en pacientes con HPN. Este tratamiento ha cambiado el pronóstico de la enfermedad, reduciendo la morbilidad y la mortalidad asociadas.
Más recientemente, ravulizumab, una versión de acción prolongada de eculizumab, ha proporcionado beneficios similares con una menor frecuencia de administración. Estos fármacos han mejorado la supervivencia de los pacientes y han reducido la necesidad de transfusiones sanguíneas.
Sin embargo, algunos pacientes pueden requerir trasplante de médula ósea en casos graves o refractarios a la terapia convencional. Aunque esta opción puede ser curativa, conlleva riesgos significativos, como infecciones, rechazo del injerto y complicaciones relacionadas con el trasplante.
Además del tratamiento específico, es fundamental un enfoque integral que incluya medidas para controlar la anemia, prevenir complicaciones trombóticas y mejorar la calidad de vida del paciente. La suplementación con hierro y ácido fólico puede ser necesaria en pacientes con deficiencia de hierro secundaria a la hemólisis crónica.

Pronóstico y calidad de vida del paciente
El tratamiento con inhibidores del complemento ha mejorado significativamente la esperanza de vida de los pacientes con HPN, reduciendo las complicaciones graves y permitiendo un mejor control de la enfermedad. Sin embargo, la enfermedad sigue representando un desafío clínico debido a su naturaleza heterogénea y a la necesidad de un acceso continuo a terapias de alto costo.
La monitorización regular y el seguimiento multidisciplinario son esenciales para optimizar el manejo de la enfermedad y reducir su impacto en la vida del paciente. La investigación en este campo continúa en desarrollo, con el objetivo de mejorar las opciones terapéuticas y proporcionar tratamientos más eficaces y accesibles para los pacientes con HPN.

Conclusión
La hemoglobinuria paroxística nocturna es una enfermedad rara, compleja y potencialmente mortal que requiere un diagnóstico temprano y un manejo adecuado para mejorar la calidad de vida y la supervivencia de los pacientes. Se trata de un trastorno hematológico adquirido que afecta la membrana de los glóbulos rojos, haciéndolos vulnerables a la destrucción mediada por el complemento. Como resultado, los pacientes presentan anemia hemolítica, hemoglobinuria, fatiga crónica y un alto riesgo de trombosis, siendo esta última la principal causa de mortalidad en la enfermedad.
El avance en las terapias ha cambiado radicalmente el pronóstico de la HPN. La introducción de inhibidores del complemento, como eculizumab y ravulizumab, ha permitido un control más efectivo de la hemólisis, reduciendo las complicaciones graves y mejorando la calidad de vida de los pacientes. Sin embargo, estos tratamientos requieren un acceso continuo y un monitoreo riguroso, lo que puede representar un desafío en muchos países debido a su elevado costo. Para algunos pacientes, el trasplante de médula ósea sigue siendo la única opción curativa, aunque no está exento de riesgos y complicaciones.
El diagnóstico oportuno es clave para prevenir complicaciones severas. La citometría de flujo ha revolucionado la detección de la HPN, permitiendo identificar con precisión las células afectadas. La educación médica y la concienciación sobre esta enfermedad son fundamentales para reducir el retraso en su reconocimiento y evitar diagnósticos erróneos.
A nivel emocional y psicológico, la HPN tiene un impacto significativo en los pacientes, quienes deben adaptarse a una enfermedad crónica que puede limitar su vida diaria. Es esencial que reciban apoyo integral, tanto médico como psicológico, y que tengan acceso a información clara sobre su condición y sus opciones terapéuticas.
En el futuro, la investigación seguirá desempeñando un papel clave en la mejora del tratamiento de la HPN. Se están desarrollando nuevas terapias dirigidas a bloquear de manera más específica el complemento, así como estrategias para corregir la mutación en el gen PIGA, lo que podría revolucionar el manejo de esta enfermedad y reducir la dependencia de terapias de por vida.
La hemoglobinuria paroxística nocturna es un desafío tanto para los pacientes como para los médicos, pero con los avances en la medicina y un enfoque multidisciplinario, cada vez es más posible controlar la enfermedad y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen. La clave está en la detección precoz, el acceso a terapias eficaces y la investigación continua para desarrollar tratamientos aún más seguros y accesibles.













