Infecciones Intraabdominales Complicadas: Causas, Diagnóstico y Tratamiento
Onco Especializados • 5 de febrero de 2026
Infecciones Intraabdominales Complicadas

Introducción
Las infecciones intraabdominales complicadas representan un desafío clínico significativo debido a la diversidad de su origen, la variabilidad en su presentación y la necesidad de un abordaje rápido y preciso para evitar complicaciones graves. Estas infecciones pueden surgir a partir de perforaciones en el tracto gastrointestinal, procesos inflamatorios avanzados o complicaciones postoperatorias, lo que permite la diseminación de microorganismos en la cavidad abdominal y desencadena una respuesta inflamatoria intensa.
El riesgo de estas infecciones radica en su capacidad de comprometer múltiples órganos, incluyendo el hígado, los intestinos, el peritoneo y, en casos avanzados, incluso el sistema circulatorio, provocando sepsis y falla multiorgánica. La complejidad de su manejo radica en la necesidad de un diagnóstico certero y temprano, ya que los síntomas pueden ser inespecíficos en etapas iniciales, retrasando la intervención médica.
La identificación y el tratamiento adecuado de estas infecciones requieren un enfoque multidisciplinario en el que convergen especialistas en cirugía, infectología, radiología y cuidados intensivos. La microbiología juega un papel clave en la selección del tratamiento antimicrobiano adecuado, mientras que la fisiopatología permite comprender la progresión de la infección y la mejor estrategia terapéutica para cada paciente. El desarrollo de nuevas estrategias quirúrgicas y terapias antibióticas ha mejorado significativamente el pronóstico, pero la rapidez en la detección y el control efectivo de la fuente de infección siguen siendo determinantes para la evolución del paciente.

¿Qué Son las Infecciones Intraabdominales Complicadas?
Las infecciones intraabdominales complicadas son un grupo de patologías caracterizadas por la presencia de una infección en la cavidad peritoneal que se extiende más allá de un órgano específico, comprometiendo múltiples estructuras y generando un alto riesgo de sepsis y falla multiorgánica. Estas infecciones surgen cuando el equilibrio natural del sistema digestivo se rompe debido a una perforación, inflamación grave o diseminación de microorganismos desde otro foco infeccioso.
A diferencia de las infecciones intraabdominales simples, que permanecen contenidas en un solo órgano y pueden resolverse con tratamiento médico convencional, las complicadas requieren un manejo más agresivo debido a la propagación de la infección y la dificultad para erradicarla sin intervención quirúrgica o drenaje percutáneo. En términos clínicos, una infección intraabdominal se considera complicada cuando la inflamación se extiende más allá del órgano primario, formando abscesos o generando peritonitis difusa, lo que aumenta significativamente el riesgo de complicaciones sistémicas.
El peritoneo, una membrana serosa que recubre la cavidad abdominal y envuelve a los órganos digestivos, juega un papel fundamental en la respuesta inmunitaria ante la invasión bacteriana. Sin embargo, cuando se produce una perforación o una diseminación bacteriana masiva, el peritoneo puede volverse un foco de infección y dar lugar a una peritonitis severa, que en casos avanzados evoluciona a sepsis abdominal. Esta respuesta inflamatoria descontrolada afecta no solo a los órganos intraabdominales, sino que puede comprometer la función renal, cardiovascular y respiratoria si no se trata de manera oportuna.
Las infecciones intraabdominales complicadas pueden originarse en distintos puntos del sistema digestivo y afectar órganos como el intestino delgado, el colon, el estómago, el hígado y el páncreas. Además, pueden presentarse tanto de forma espontánea, como en el caso de la peritonitis bacteriana primaria en pacientes con ascitis, o como consecuencia de una cirugía abdominal reciente o una enfermedad inflamatoria avanzada.
Debido a su agresividad y alta mortalidad cuando no se manejan correctamente, el diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado son esenciales para mejorar el pronóstico de los pacientes. La combinación de antibióticos de amplio espectro, intervenciones quirúrgicas para el control de la fuente de infección y un manejo intensivo en unidades especializadas han permitido reducir las tasas de mortalidad y mejorar la recuperación en estos casos complejos.

Causas y Mecanismos de Infección
Las infecciones intraabdominales complicadas pueden desarrollarse debido a la proliferación de microorganismos en la cavidad peritoneal, generalmente a partir de una perforación del tracto gastrointestinal, la diseminación hematógena desde otro foco infeccioso o la contaminación directa tras una cirugía o trauma abdominal. En estas circunstancias, la barrera natural que mantiene aisladas las estructuras intraabdominales se rompe, permitiendo la invasión bacteriana y desencadenando una respuesta inflamatoria intensa.
Entre las causas más comunes de estas infecciones se encuentran la apendicitis perforada, una de las principales etiologías, en la que la ruptura del apéndice libera bacterias al peritoneo, provocando peritonitis localizada o generalizada. También se incluyen la diverticulitis complicada, en la que la inflamación y posterior perforación de los divertículos colónicos pueden generar abscesos o peritonitis; y la peritonitis secundaria, que se origina como consecuencia de perforaciones en el tracto digestivo debido a úlceras gástricas, isquemia intestinal, perforaciones neoplásicas o lesiones traumáticas.
Las infecciones postoperatorias representan otra causa frecuente de infecciones intraabdominales, especialmente en cirugías digestivas en las que se compromete la integridad de la mucosa intestinal. La dehiscencia de anastomosis, la contaminación durante el procedimiento o la presencia de material necrótico pueden favorecer la proliferación bacteriana y la formación de colecciones sépticas. Otras condiciones predisponentes incluyen la pancreatitis severa con necrosis infectada, la perforación de vesícula biliar en colecistitis aguda y la ruptura espontánea de abscesos hepáticos o esplénicos.
En muchos casos, estas infecciones avanzan hasta formar abscesos intraabdominales, que pueden localizarse en distintas regiones como el espacio subfrénico, el retroperitoneo, la pelvis o el espacio hepático. Cuando la infección no se contiene adecuadamente, puede progresar a una peritonitis difusa, donde el proceso inflamatorio se disemina por toda la cavidad peritoneal, agravando el estado del paciente y aumentando la mortalidad si no se interviene oportunamente.
La flora bacteriana involucrada en estas infecciones suele ser polimicrobiana, con la presencia de bacterias aerobias y anaerobias en combinación. Los patógenos más frecuentes incluyen Escherichia coli, Klebsiella pneumoniae, Bacteroides fragilis y Enterococcus spp., aunque la composición exacta puede variar dependiendo del origen de la infección. Por esta razón, el tratamiento antimicrobiano debe ser amplio y dirigido a estos agentes, adaptándose posteriormente en función de los cultivos y pruebas de sensibilidad antibiótica para optimizar la terapia.

Manifestaciones Clínicas y Diagnóstico
El diagnóstico de estas infecciones se basa en la combinación de la evaluación clínica, pruebas de laboratorio y estudios de imagen. Los síntomas más comunes incluyen fiebre persistente, dolor abdominal severo y progresivo, distensión abdominal y signos de irritación peritoneal, como defensa abdominal y sensibilidad al rebote. En casos más avanzados, la infección puede comprometer la estabilidad hemodinámica del paciente, causando taquicardia, hipotensión y alteraciones en la perfusión tisular.
Los análisis de laboratorio pueden mostrar un aumento en la cuenta de leucocitos y elevación de la proteína C reactiva, lo que indica un proceso inflamatorio sistémico. Sin embargo, los estudios de imagen son fundamentales para confirmar el diagnóstico y evaluar la extensión de la infección. La tomografía computarizada con contraste es la técnica de elección, ya que permite visualizar la presencia de abscesos, perforaciones y colecciones líquidas en la cavidad abdominal. En algunos casos, la ecografía también puede ser útil, especialmente en pacientes con ascitis o sospecha de abscesos hepáticos.

Complicaciones y Consecuencias de las Infecciones Intraabdominales
Las infecciones intraabdominales complicadas no solo representan una urgencia médica en términos de diagnóstico y tratamiento, sino que también pueden derivar en una serie de complicaciones graves que afectan la evolución del paciente y aumentan significativamente la morbilidad y mortalidad. Estas complicaciones pueden presentarse de manera local, afectando directamente los órganos y tejidos intraabdominales, o pueden evolucionar a un nivel sistémico, desencadenando un estado de sepsis que compromete la vida del paciente.
A nivel local, una de las complicaciones más frecuentes es la formación de abscesos intraabdominales, los cuales pueden desarrollarse cuando la respuesta inmunitaria del organismo intenta contener la infección en una zona específica, creando una cápsula fibrótica alrededor de la colección purulenta. Estos abscesos pueden originarse en diversas áreas, como el espacio subfrénico, el espacio perihepático o la fosa iliaca, y su drenaje es esencial para evitar una diseminación mayor de la infección. Cuando no se manejan a tiempo, los abscesos pueden romperse y generar peritonitis secundaria, un cuadro grave que requiere cirugía de emergencia.
Otra complicación frecuente es la obstrucción intestinal secundaria a procesos inflamatorios graves, lo cual ocurre cuando la infección genera adherencias fibróticas entre asas intestinales, provocando una obstrucción mecánica. Esto puede dar lugar a síntomas como distensión abdominal, vómitos persistentes y ausencia de evacuaciones, lo que agrava el estado del paciente y puede requerir intervención quirúrgica para la resolución del cuadro.
A nivel sistémico, la sepsis abdominal es una de las consecuencias más devastadoras de estas infecciones. Cuando los patógenos y sus toxinas ingresan al torrente sanguíneo, desencadenan una respuesta inflamatoria sistémica descontrolada que puede llevar a un choque séptico, caracterizado por hipotensión severa, disfunción orgánica múltiple y alto riesgo de mortalidad. La sepsis abdominal requiere un abordaje agresivo con reanimación hemodinámica, antibióticos de amplio espectro y, en muchos casos, cirugía de urgencia para eliminar la fuente de la infección.
La falla multiorgánica es el desenlace más temido en pacientes con infecciones intraabdominales severas. La hipoxia tisular, la disfunción inmunitaria y la activación excesiva de la cascada inflamatoria pueden llevar a insuficiencia renal aguda, síndrome de dificultad respiratoria aguda y falla hepática. En estos casos, el manejo en una unidad de cuidados intensivos es fundamental para intentar estabilizar al paciente y mejorar su pronóstico.
Debido a la gravedad de estas complicaciones, la prevención y el manejo temprano de las infecciones intraabdominales son esenciales para evitar desenlaces fatales. El monitoreo estrecho de pacientes en riesgo, el uso adecuado de antibióticos y la intervención quirúrgica oportuna siguen siendo los pilares fundamentales en la reducción de las tasas de mortalidad asociadas a estas infecciones.

Estrategias Terapéuticas
El manejo de estas infecciones se basa en tres pilares fundamentales: la estabilización hemodinámica, el tratamiento antimicrobiano y la intervención quirúrgica cuando sea necesaria. La reanimación con líquidos y el control de la sepsis son esenciales en la fase inicial del tratamiento, ya que los pacientes pueden presentar choque séptico debido a la diseminación bacteriana sistémica.
El tratamiento con antibióticos debe iniciarse de inmediato y ajustarse según los resultados de los cultivos y pruebas de sensibilidad. Los esquemas terapéuticos más utilizados incluyen combinaciones de betalactámicos con inhibidores de betalactamasas, carbapenémicos o cefalosporinas de tercera generación con metronidazol en casos de infecciones polimicrobianas. La duración del tratamiento depende de la respuesta clínica del paciente y de la erradicación completa de la fuente infecciosa.
En muchas situaciones, la intervención quirúrgica es indispensable para eliminar el foco de infección y drenar las colecciones purulentas. Dependiendo de la etiología, los procedimientos pueden incluir apendicectomía en casos de apendicitis perforadas, resección de segmentos intestinales en diverticulitis complicada o drenaje percutáneo guiado por imagen en abscesos localizados. En escenarios de peritonitis difusa, la cirugía de control de daños y el lavado peritoneal pueden ser estrategias fundamentales para reducir la carga bacteriana y mejorar el pronóstico del paciente.

Pronóstico y Prevención
La evolución y el pronóstico de los pacientes con infecciones intraabdominales complicadas dependen de múltiples factores, como la rapidez en el diagnóstico, la implementación oportuna del tratamiento y la presencia de comorbilidades. Pacientes con enfermedades crónicas como diabetes, insuficiencia renal o inmunosupresión tienen un riesgo elevado de complicaciones graves y requieren un monitoreo más estricto.
La prevención de estas infecciones es un aspecto clave en la reducción de su incidencia y morbimortalidad. En el contexto quirúrgico, el uso adecuado de profilaxis antibiótica y la implementación de técnicas quirúrgicas meticulosas pueden reducir significativamente la tasa de infecciones postoperatorias. En pacientes con enfermedades predisponentes, el control de los factores de riesgo y la educación sobre signos de alarma pueden facilitar un diagnóstico temprano y evitar complicaciones mayores.

Conclusión
Las infecciones intraabdominales complicadas representan un problema de salud grave que requiere un abordaje integral y multidisciplinario. La identificación temprana de los síntomas, el diagnóstico preciso mediante estudios de imagen y el tratamiento oportuno con antibióticos y cirugía pueden mejorar significativamente la evolución clínica del paciente. La investigación continua en terapias antimicrobianas y en técnicas quirúrgicas avanzadas sigue siendo fundamental para optimizar el manejo de estas infecciones y reducir su impacto en la morbimortalidad de los pacientes afectados












